Para pensar de nuevo una teoría

28/Sep/2010

La Nación, ADN Cultura; por Pablo Gianera; publicada el 25/09/10

Para pensar de nuevo una teoría

Para pensar de nuevo una teoría
El libro colectivo Walter Benjamin: Culturas de la imagen (Eterna Cadencia) pone al día el pensamiento del filósofo
Sábado 25 de setiembre de 2010 |
Por Pablo Gianera
De la Redacción de LA NACION
Luego de varios años en los que el ensayo «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica» fuera violentado por varios teóricos del posmodernismo para justificar el simulacro, Walter Benjamin : Culturas de la imagen (Eterna Cadencia) parece volver a poner a Benjamin en su lugar.
Pero los nueves ensayos recopilados por Alejandra Uslenghi no se dedican solamente a ese aspecto del pensamiento benjaminiano y tocan buena parte de los temas que ocuparon al crítico en sus últimos años; de hecho, lo que podría lamentarse es, en todo caso, alguna consideración más extensa sobre el Benjamin anterior a 1928, la fecha de publicación de Calle de dirección única , es decir, del Benjamin de El concepto de crítica de arte en el Romanticismo alemán y de El origen del drama barroco alemán .
El artículo de Michael Jennings, el primero del volumen, está dedicado justamente al momento en el que Benjamin deja de ocuparse del pasado para implicarse resueltamente en el presente, en el estudio del alto modernismo francés y en la introducción de la vanguardia histórica, sobre todo del surrealismo, en Alemania. A partir de allí, el libro acompaña desde sus ensayos la ramificación de los intereses de Benjamin, las tensiones con Heidegger respecto de la tecnología y la obra de arte a la luz del ensayo «El origen de la obra de arte» en Caminos del bosque , y especialmente del inconcluso Libro de los pasajes . De esto último se ocupan Gerhard Richter y Rolf Tiedemann, responsable de las ediciones alemanas de Benjamin y Adorno.
Pero acaso el texto más significativo para la comprensión de la teoría benjaminiana de la imagen sea el de Diarmuid Costello. Allí se matiza, o directamente se refuta, el optimismo por la decadencia del aura, y se engarza esa pérdida con el empobrecimiento de la experiencia, para desembocar en el examen del tratamiento del rostro que hacen los fotógrafos Rineke Dijkstra y Thomas Ruff. Costello concluye en una reivindicación del aura, aunque sin incurrir en una regresión al ritual: «Nuestra relación con las obras de arte funciona estructuralmente como un sustituto provisorio de nuestra relación con las otras personas. Las obras de arte son el rostro del otro. El aura marca ese lugar».
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